¿Quién debería realizarse un test de intolerancia alimentaria?

¿Qué es la intolerancia a los alimentos?

La intolerancia a los alimentos (también conocida como sensibilidad alimentaria) puede ser la consecuencia de una reacción adversa del organismo a determinados alimentos.

En ocasiones los alimentos que nos provocan el problema son aquellos que comemos más regularmente incluso los que más nos apetecen y tenemos más ansiedad por comer. Los síntomas de la intolerancia a los alimentos pueden deberse a varios factores: una deficiencia  enzimática, por ejemplo en la intolerancia a la lactosa; la sensibilidad a determinados compuestos químicos, por ejemplo las aminas del chocolate y del vino tinto pueden provocar migrañas; o una respuesta inmunitaria humoral de tipo IgG conforme se observe en los resultados del análisis.

Se ha demostrado mediante investigación que la intolerancia a los alimentos puede estar vinculada con el incremento de los anticuerpos IgG por parte del sistema inmunitario tras la ingesta de determinados alimentos. En condiciones normales, estos anticuerpos forman complejos con las proteínas de los alimentos. El sistema inmunológico elimina posteriormente estos complejos sin que se produzca ningún efecto adverso. Si los sistemas digestivo o inmunológico se encuentran comprometidos, estos complejos se pueden depositar por todo el organismo y provocar inflamación, lo que puede causar infinidad de síntomas como fatiga, síndrome colon irritable (SCI), hinchazón, migraña u obesidad. En esta situación, el organismo considera que los alimentos son un “problema”. Los síntomas pueden prolongarse durante varios días o más y con frecuencia son intermitentes, lo que dificulta la identificación de los alimentos que el organismo tiene problemas para procesar. La intolerancia a los alimentos no debe confundirse con la alergia a los mismos.

¿Quien debería realizarse un test de intolerancia alimentaria?

Las condiciones clínicas en pacientes que se han podido relacionar con intolerancia alimentaria y que, tras suprimir el alimento o alimentos, en más de dos tercios de los casos, se han producido mejorías evidentes, son las siguientes, con datos entresacados de diversas publicaciones:

  • Trastornos gastro-intestinales (50%): Dolores abdominales, constipación, diarrea, hinchazón, síndrome del colon irritable. Es la patología que más induce a pensar en una intolerancia alimentaria. Puede cursar desde dolores abdominales, diarrea o vómitos, a constipación, por lo que puede ser aconsejable realizar el test bioquímico de IgG frente a alimentos ante una patología digestiva poco definida etiológicamente.
  • Procesos dermatológicos (16%): Acné, eczema, psoriasis, rashes, urticaria, picor.
  • Molestias Neurológicas: (10%): Dolor de cabeza, migraña, mareo, vértigo.
  • Molestias respiratorias: (10%): Asma, rinitis, dificultad respiratoria. En estos casos puede haber solapamiento con un proceso alérgico.
  • Trastornos psicológicos (11%): Ansiedad, letargia, depresión, fatiga, náuseas, hiperactividad (principalmente en niños).
  • Otros: Obesidad y sobrepeso que no responde a dietas ,Artritis, fibromialgia, articulaciones inflamadas, , ….etc

 

Tipos de Test de Intolerancia Alimentaria

Existen varios tipos Test de Intolerancia alimentaria:

  • Test de Intolerancia en sangre: A través de una pequeña muestra de sangre obtenida mediante punción en la yema del dedo, es posible medir los anticuerpos IgG específicos para los alimentos en la sangre. Suele ser el más costoso (ronda los 140 €).
  • Test de intolerancia con equipo laphytest:  se basa en la posibilidad de leer los potenciales eléctricos de las células y los tejidos. De la variación de estos y de la rapidez de transmisión del estimulo eléctrico es posible obtener información sobre el correcto funcionamiento metabólico de las áreas interesadas, con respecto a los alimentos analizados. Este test ronda los 60 €.
  • Test de intolerancia kinesiológico: se utiliza la conocida técnica de la kinesiólogía, muy usada por fisioterapeutas, osteópatas, naturópatas,….etc, en la cual es el propio cuerpo el que nos responde. Se basa en que determinados alimentos pueden producir desequilibrios energéticos en el cuerpo, lo que puede comprobarse midiendo la respuesta muscular. Suele ser un test bastante mas económico y sencillo (ya que no requiere de aparatología específica, solo la dominación de la técnica por el terapeuta) y los resultados son igual de fiables que los de los demás tests. Dependiendo del centro y del terapeuta, el precio puede rondar entre 40-45 €.

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